Los muertos no lloran

–Increíble que aún esté viva.

Por el tono de voz el tipo no parecía particularmente feliz de que yo hubiera sobrevivido.

–Déjala en paz, Gabriel, tráele un poco de agua más tarde –dijo una mujer que sonaba lejos, probablemente en un pasillo fuera de la entrada.

Gabriel bufó ante las órdenes, obviamente no muy contento de seguirlas. Me miró durante unos minutos pero, gracias a Dios, me dejó en paz.

Una vez sola en el cuarto, intenté sentarme. Me fue imposible. Cada vez que quería hacerlo, mi espalda ardía. Cerré los ojos intentando recordar, pero el dolor no me lo permitió. Al final me quede ahí, boca abajo, intentando no moverme.

Unas voces sonaban en el pasillo.

“Debo despertar, esto es un sueño. ¡Debo despertar!”, traté de persuadirme.

La puerta se abrió de golpe y unos pasos se acercaron retumbando de manera agresiva.

–Aquí está el agua –habló Gabriel.

–Necesito sentarme para poder beber –dije intentando no llorar.

Sin previo aviso me tomó del pelo y, halando fuertemente de él, me suspendió en el aire. Un segundo después me tiró hacia atrás, donde caí con todo mi peso sobre mi trasero. Contener las lágrimas y los gritos me fue imposible.

El dolor era demasiado real. El dolor era real. “Dios sálvame”, gemí con desesperación. Mi dorso, que antes ardía, ahora estaba en llama viva.

–No puedo llegar a la taza con las manos atadas detrás–pretendí sonar lo mas desvalida posible, lo que en realidad no fue difícil.  Aún con la mente entumecida, sabía que tener mis manos libres me sería esencial si deseaba sobrevivir.

Él no respondió. Todo yacía en silencio excepto el murmullo de mi respiración y mi corazón palpitando en mis oídos. Por un momento creí que se había ido.

–No deberías tentarlo así, si te mata seré yo la que tenga que dar cuentas cuando el jefe regrese –comentó la voz de mujer nuevamente, tomándome por sorpresa. Yo intentaba desesperadamente recordar su nombre, algo en mi mente me decía que ya la conocía.

Lentamente el mundo comenzó a ponerse borroso en las orillas, unos segundos después mis propios pensamientos murieron dentro de mi cabeza.

Me faltaba el aire. Alguien gemía. “Vanessa”, rezumbaba mi mente.

La conciencia volvió a mí y engullendo aire abrí los ojos. Un gruñido como de perro surgía de mi garganta. Los recuerdos me envolvieron en estampida.

Conocí a Vanessa en la cafetería una tarde después de clases. Esta mañana me llamó al celular invitándome a una fiesta.  Sin pensarlo dos veces me escabullí de casa de mi padre para encontrarme con ella en el parque.

Solo que ella nunca llegó.

Mientras la esperaba, un tipo alto y musculoso se me acercó. Lo ignoré y me levanté con la esperanza de irme, pero algo salió mal.  Desde niña mi padre me obligó a tomar clases de todo tipo de artes marciales, cuando se es hija de un hombre influyente siempre se corre el riesgo de ser secuestrada. Increíblemente el tipo logró agarrarme de todos modos.

Buscando en mi memoria me di cuenta que el tipo del parque era Gabriel.

Los recuerdos comenzaron a escapárseme e intenté con toda mi fuerza aferrarme a ellos. Sucedió algo más, sabía que olvidaba un detalle importante. Todo volvió a oscurecerse.

***

En mi sueño me encontraba de nuevo en el parque, completamente aterrorizada del hombre frente a mí. Pude ver cómo extendía su mano para sostenerme por el brazo. Probé quitar mi mano de su camino, sin embargo con un movimiento muy rápido para mi vista, me sostuvo por la muñeca.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi cerebro, una destreza aprendida gracias a toda una vida en el Dojo. Con la mano aún libre le asesté un golpe y pude escuchar su nariz quebrarse bajo el peso de mi puño. Sonreí al ver que el daño lo obligaba a soltarme y dar un paso hacia atrás. La sonrisa en mi rostro se borró de golpe cuando una rabia inhumana invadió sus facciones.

Frente a mí la cara de Gabriel comenzó a cambiar hasta convertirse en una pesadilla. Un hocico lleno de dientes filosos y al menos medio metro más de altura coronaban una criatura que parecía no estar hecha para andar en dos patas.

Imposible. Mi cerebro se negaba a creerlo, esas cosas solo deberían pasar en las películas. Por puro instinto eché a correr. La bestia parecía complacida con mi decisión. De un fuerte salto cayó sobre mí, tirándome de bruces.

Aún antes de caer al suelo pude sentir sus dientes hincándose en mi espalda, justo donde mi camisa se había levantado. El dolor me tomó por sorpresa y me robó los segundos necesarios para poner las manos frente a mi cuerpo. Intenté voltear mi cara para no saludar el suelo de nariz, pero fue peor. Mi sien recibió directamente el golpe, mi cabeza chocó y rebotó contra el suelo mientras manchas oscuras cubrían mi campo de visión. Me desvanecí como una vela que se apaga.

***

Desperté  sudando. Tenía que huir a toda costa. Miré alrededor, me hallaba sola. Ya no me encontraba en el piso sino en una cama boca arriba.

En medio del techo una única luz alumbraba el cuarto. Los colores y las formas se veían vívidos, como si aún siguiera soñando.  Un hedor a limón, orina y cloro se mezclaba de manera nauseabunda. El dolor persistía, un poco más incómodo que punzante.

Alguien hablaba fuera de la puerta cerrada del cuarto. Me quedé quieta, muy quieta. Poco a poco las voces comenzaban a tener sentido.

–… nunca debió enviarte a ti a traerla. Está en pésimo estado –decía una voz apenas audible.

–Todo este plan es estúpido –ladró Gabriel de vuelta.

–Tiene más dinero que la anterior y lo único que tenemos que hacer es devolverla viva –reconocí la voz de Vanessa.

–¡Nunca hemos devuelto a nadie, deberíamos matarla!

–¿Hay algo que quisieras decirme?

El silencio reinó por unos segundos que parecieron horas.

–¡Te vio! ¡Oh Por Dios! David va a pedir tu corazón en una bandeja si esa mocosa te vio cambiar. Por eso vino en tan mal estado –gritó esta vez Vanessa, marcando la primera vez que la escuchaba perder la compostura.

–¡No seas estúpida mujer! Si me hubiera visto cambiar jamás la habría dejado viva.

–Nunca vuelvas a llamarme estúpida, Gabriel –respondió ella con furia contenida, después de recetarle una soberbia cachetada–, si me entero que pusiste en peligro a la manada intentando traer a esa mocosa, te juro que seré yo misma quien se coma tus entrañas.

Algo se iluminó en mi mente. Tal vez no fue un sueño, tal vez sí se había convertido en un monstruo. Y por lo visto él no quería que nadie supiera lo sucedido.

Escuché  unos tacones alejarse.  El llavín giró y aparenté dormir.

–Es inútil que pretendas.

Abrí  los ojos y pude ver que Gabriel venía hacia mí, cuchillo en mano.  De seguro me mataría para asegurarse que no dijera nada ahora que Vanessa parecía sospechar algo.

Quise levantarme y correr, pero el terror me ganó y me caí al suelo.

Tomándome nuevamente del cabello, me tiró boca abajo en la cama en medio de mis gritos y suplicas. Con un movimiento rápido del cuchillo cortó la cuerda que ataba mis manos. Me quedé quieta esperando mi muerte.  Excepto que él, dándose vuelta, se alejó.

Luego de que la puerta se cerrara me logré sentar en la cama. Frente a mí pude ver un cuarto prácticamente vacío, sin ventanas y con una única salida.

“Perdóname papá, he sido una idiota y voy a morir por haber intentado jugar de rebelde”, pensé.

El olor de Gabriel aún persistía en el aire. Recordando lo pasado, levanté mi camisa y palpé mi espalda esperando encontrarla abierta y sangrando donde me hincó los dientes.

Nada.

La piel se palpaba sensible y caliente. Imposible ¿Hace cuánto estaba en este cuarto? Por todo el tiempo en inconsciencia podían ser días.

El terror comenzó a invadirme nuevamente y un gruñido se trabó  en mi garganta. Algo dentro de mí se quebró como si hubiera estado hecho de cristal y un odio ciego tiñó mi vista de rojo.  La rabia me invadió haciéndose cada vez más fuerte. Tan grande que parecía que iba a romperme la piel.

No moriría en este lugar.

Mi instinto de supervivencia se alimentó de la rabia.  Todo el odio me robó la razón y el gruñido escaló hasta hacerme vibrar todo el cuerpo.

La puerta voló en añicos bajo la fuerza de mis puños. El pasillo se extendía hacia delante y terminaba en una esquina.

Pasos.

Alguien venía a investigar el ruido. No sabía quién, pero no importaba. Mi oído, aún más agudo que mi vista, delató el corazón palpitante de quien se acercaba, aún antes de que llegara a la esquina. Tacones y se acercaban rápidamente.

Vanessa se detuvo en la boca del pasillo cuando vio la madera destrozada. La bestia dentro de mí olfateó su miedo y complacida susurró dentro de mí que deseaba emerger.  Vanessa olía a presa. Nuestra presa.

Un hormigueo comenzó a recorrerme el cuerpo, mientras mi víctima me miraba petrificada.  Mi espinazo se arqueó y mis manos se llenaron de garras. Los huesos en mi cuerpo se desprendieron y comenzaron a reacomodarse bajo mi piel.  Mi conciencia se mezcló con la bestia haciendo difícil saber donde terminaba yo y comenzaba ella.

En menos de un minuto ya corría en cuatro patas a toda velocidad.  El aire comenzó a vibrar, Vanesa intentaba cambiar también, sin embargo lo hizo un segundo muy tarde. Con una rápida dentellada arranqué una gran parte de su cuello.  Pude saborear su sangre que manaba tibia y pulsante de la herida.  Me perdí en la adrenalina de la caza por varios minutos. Una vez que el corazón dejó de latir me sentí inquieta y corrí a buscar una salida.

Corría por una arboleda cercana al lugar de mi secuestro.  Podía sentir la tierra bajo mis patas y los olores del bosque llenaban mi nariz. Corríamos felices juntas, la bestia de corretear libremente y yo de estar viva.

Desde el taxi miré la casa de mi padre.  Tenía ganas de correr, tocar el timbre y abrazarlo, pero ahora eso nunca pasaría.  La policía me dio por muerta.

Hasta ese día viví en terror escondida, esperando que Gabriel regresara por mí.

La bestia dentro de mí se agitó, ella también quería regresar a casa. “Es mejor así” le dije. No podía ponerlos en peligro regresando. Peligro no solo de mí, sino de la manada que podía regresar a buscarme. Manada… ahora entendía a que se habían referido esa vez.

El castigo parecía justo, yo había asesinado a alguien y ahora me tocaba vivir como una criatura de la oscuridad a las orillas de la sociedad.

Ahora solo hacía falta despedirse. Dejar mi vida atrás junto con la gente que amaba. Esto era la muerte definitiva, concluí. Allí y ahora debía aceptar que estaba muerta.

Cerré  los ojos. Las lágrimas acechaban detrás de mis parpados.

Adiós…  logré decir en voz baja mientras el taxi me llevaba lejos de lo que alguna vez fue mi vida. Miré la casa desaparecer en la esquina y me abofetee mentalmente: “Estúpida mujer, ¡los muertos no lloran!”

.FIN.

Este trabajo esta protegido bajo la licencia de propiedad intelectual: Atribución-No Comercial-Sin Derivadas. Este trabajo puede ser usado mientras de crédito al autor, no puede ser usado para recibir ganancias ni puede modificarse.

7 responses

23 02 2010
LuIsA

wow esta genial y sobre todo el final
me encanto pero m uviera gustado q fuera mas largo )=)

16 04 2010
Jacks

Hermosa obra de arte.

4 10 2010
atonbeltenebros

Maravilloso el final, y la descripcion me encanto!!‼

28 01 2011
thania belén

genial esta padre pero el nombre no es muy combinable, soy de una compañia de arte y te rrecomiendo que escribas mas y haber que podemos hacer por ti

30 01 2011
Sebastian

muy buena historia, mantuvo toda el interes desde principio a ifn.

8 03 2011
Javier

Una historia hecha a base de imaginación y habilidad, te felicito, es una lectura que atrapa al lector hasta el fin del relato.

8 03 2011
Adriana Barrantes

Muchisimas gracias por tu comentario!

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