La Magia de la Muerte

La taza de té se estaba enfriando en la mesita de noche. Un escalofrió leve buscó nido en la base de mi espalda.  Levantando la mirada del libro, al fondo del amplio cuarto y muy cerca de la puerta, pude ver como se materializaba poco a poco la nebulosa grisácea que era Jean Pierre.

Todos en mi casa se anuncian antes de entrar a mis aposentos, el estar muerto no es una excusa a la regla. Esa es la razón del escalofrió y de la lenta aparición cuando, realmente, ellos están donde quieran, cuando se les antoje.

Mi pulso comenzó a acelerarse. Había llegado la hora.

Jean Pierre flotó lentamente cruzando el cuarto, su figura aún transparente atravesando los muebles antiguos, estampados con flores, que tanto me gustan.  Su rostro difuso dispuesto en una mueca de disgusto.

– Ya están aquí señora –su voz, rasposa y profunda, tenía el leve eco que caracteriza a los muertos.

– Despierta a Casandra y que los haga pasar. Es de mala educación atender mal a las visitas.

Medio latido de mi corazón después, Jean Pierre, ya no se encontraba en el cuarto.

El plan a seguir esta dispuesto de manera simple y directa.  Esos son los que los años me enseñaron, suelen ser más confiables.

Caminando por el corredor mi vestido holgado de seda hondeaba con cada paso. El efecto deseado.  Una figura etérea, sólo una más entre las que siempre me acompañan.

Pude ver el salón principal iluminado por un bombillo.  Siempre he despreciado la luz eléctrica ya que muestra los cuartos desnudos del calor de la vela o el calor la tarde, sin embargo me he resignado a usarla a pocos atreves de las décadas.

Ella me esperaba acompañada del mismo hombre por el que estábamos a punto, ella y yo, de arriesgar nuestros cuellos.  Los dos en pie, con las manos cruzadas sobre el pecho. Ella miraba una y otra vez los rincones.  “Muy bien hecho mi niña”, pensé en mis adentros, “en este mundo hay cosas en las sombras más poderosas que dientes, garras o balas”.

– ¿Será que nadie le ha ofrecido una taza de té a nuestros invitados? –comenté en vos alta. Aunque sabía muy bien que Casandra jamás habría desobedecido mis deseos.

–Hay cosas más importantes en juego que una estúpida taza de té mujer, déjate de idioteces y hablemos de negocios –indicó Marcus con un inglés mascullado y vulgar.

Ante el tono irrespetuoso de la bestia el cuarto comenzó a llenarse de figuras traslúcidas. Los muertos son leales y muy recelosos.

–No sé qué negocios son esos, bestia.  Mis tratos son con ella y no contigo –respondí de manera tan despectiva como me fue posible–  El único negocio tuyo aquí es ser carnada y el mío, hacer lo que tú no puedes.

Su rostro comenzó a tornarse rojo sangre. Sofía se puso entre nosotros en un movimiento y, poniéndole una mano en el pecho, empujó a Marcus hacia la puerta.

–Ha llegado por lo visto la hora de irnos–susurró rápidamente Sofía– Todo está listo y los alfas van a estar reunidos en el peñasco en media hora.

Con una reverencia forzó al hombre-bestia hacia la puerta y desapareció con él en la noche.

Unos segundos luego Casandra entró con una taza de té en las manos.  Jean Pierre mucho más conciso que hace unos minutos, emergió de repente entre nosotras dos.  Casandra, ante la inesperada aparición, soltó la taza que se astilló en mil pedazos en el suelo de caoba.

Encontrar humanos sensibles es extremadamente raro, y Casandra se ha vuelto buena con los años.  Tan molesto estaba Jean Pierre que le faltaba poco para materializarse completamente, aun así  para un humano común, la impresión habría sido casi nula.

–¿Cómo soporta a ese perro malagradecido, madame? He estado a punto de arrancarle los dientes y usarlos como collar –su voz  tenía el tono controlado, pero el rostro casi tangible gritaba su rabia. Un leve tinte francés se escabullía entre las palabras debido a lo mucho que tenía que contenerse.

–Lo hago por la chica Jean Pierre, por nadie más. Cuatrocientos años de existencia me han enseñado a apreciar las rarezas como ella, y también me han enseñado a disfrutar un buen baño de sangre.  ¿Sabes que tan difícil es en estos tiempos modernos poder ejercitarme libremente?

–No pretendía ser insolente, madame, discúlpeme.  Estamos listos cuando usted lo esté –y en un pestañear éramos solo Casandra y yo en la sala otra vez.

Casi no podía contener mi emoción.  La vida se había vuelto tan aburrida los últimos años. Hasta los muertos de ahora parecían más callados, menos activos.

Salí de casa descalza, con el vestido de seda flotando alrededor de mi cuerpo.

Me dirigí a la calle repleta de tráfico nocturno.  En medio de automóviles ruidosos, apiñados en filas esperando el semáforo,  grupos de jóvenes escuchaban sus ipods y subían mensajes a twitter.

Me mantenía informada de los descubrimientos del mundo actual pero, hace mucho que no me sentía parte de él. Soy eternamente joven, pero a veces me siento muy vieja.

Sólo ellos me acompañan después de todo este tiempo.  Ellos necesitan hogar y yo hoy más que nunca necesito no estar sola.  Soy la última que queda de mi tipo, me aseguré de eso personalmente.

En medio del caos de la vida moderna, iba con una sonrisa en el rostro a mi primer baño de sangre en más de cien años.

Tan pronto como di un paso en el asfalto, Jean Pierre apareció a mi lado y tocó ligeramente mi mano.  Tomando un poco de su energía me volví traslucida y atravesé la noche, yo a la cabeza vestida de blanco y un ejército de almas a mi espalda.

Todos se encontraban reunidos como me fue prometido.  Cinco alfas y Sofía.  Cuatro de los alfas presentes llegaron aquí enviados por Augusto y su única intención era destruir a Marcus.

Evander, el segundo al mando de Marcus también estaba presente.  Su papel sería el de proteger a Sofía en caso de que algo sucediera.

A unos tres metros de distancia, decidí que debía volverme corpórea.  Marcus, Evander y Sofía sabían que esperar, pero los otros cuatro casi caen de bruces al verme.  Animales como ellos confían demasiado en su olfato y vista, nunca se esperarían el hecho de que yo apareciera en este plano de repente.

–¡Bruja! ¡Has traído una bruja! –comenzó a chillar el de apariencia más joven.

A derecha me estudiaba cuidadosamente un lobo visiblemente más viejo, quien, enfocando la mirada detrás de mí dejó caer su quijada en una mueca extraña.

–Muestra lo que has traído para nuestra muerte –me dijo el viejo sin temor, tan pronto pudo recobrarse.

Entrecerré los ojos e irradié mi energía en todas direcciones.  Mi energía llena de vitalidad se sentía caliente y pulsante en el aire.

Uno a uno pude sentir a mis niños tomar cuerpo una vez más.  Yo les doy vida y ellos me dan muerte.

Jean Pierre fue el primero en aparecer a mi lado,  completamente corpóreo.  Mirándome tiernamente  me ofreció su brazo y yo lo tomé sin vacilar.

Cientos más brotaron tangibles a mis espaldas, levitando ligeramente sobre el piso. Atrapados en ese estado fantasmal entre un mundo y el otro, gracias a mi fuerza vital. Pueden interactuar con este plano pero, es debido a su condición de muertos que no pueden ser dañados. El ejercito perfecto. Mi ejército.

Según el plan, Marcus y Evander no tenían permitido intervenir. Por un lado esto no valía de nada si morían y por el otro nosotros estábamos hambrientos de sangre.  Los muertos se alimentan de muerte y yo simplemente lo disfruto.

–Necromancia –dijo viejo  mientras movía su mano en la señal de la cruz– Estamos todos muertos.

–Estás en lo correcto –susurré deleitándome en el terror de sus rostros.

Dos de las bestias, arrancándose la ropa,  comenzaron a cambiar.  Pero la decisión fue tomada muy tarde. Con su simple movimiento de muñeca miles de cuerpos blanquecimos se cernieron sobre ellos.  La crueldad no solo necesaria sino también exhilarante.  Los gritos de las dos bestias llenaron la noche por un par de minutos y cuando el mar fantasmal se alejó de ellos, sólo quedaba sangre por todas partes.

Cerré nuevamente los ojos para disfrutar el olor a muerte fresca.  Me llenaba la nariz como el mejor de los perfumes. Cuando volví a abrirlos el viejo lobo y el otro alfa me miraban mostrando mucho el blanco de sus ojos.

–Solo necesitamos un mensajero. ¿Verdad Jean Pierre?

Jean Pierre me sonrió ampliamente, soltó mi brazo y liderando una nueva oleada de cuerpos se abalanzó sobre la otra bestia.  Jean Pierre es mi acompañante por algo, no necesité de usar palabras para que el supiera que me había caído en gracia el lobo viejo.  Muy pocos saben que es la necromancia y si quería que el mensaje llegara a Augusto entonces debía de ir en boca de alguien que supiera exactamente lo que sucedería frente  sus ojos.

Cuando los gritos cesaron Jean Pierre vino de nuevo a mi lado, cubierto de sangre.  Como todo un caballero francés me ofreció nuevamente su brazo.

El viejo alfa no parecía particularmente sorprendido por los sucesos de la noche.

“Excelente”, pensé. Eso quería decir que no sólo tenía canas, sino que también tenía experiencia suficiente en el mundo.

–Dile a Augusto que he declarado mi alianza con Marcus y su manada.  Cualquiera que sea su enemigo será mi enemigo y cualquiera que sea su amigo será bienvenido en mi casa. Asegúrate que sepa que quiero que proclame hombres libres a los lobos de Marcus y a toda su descendencia.

–Su mensaje ha sido fuerte y claro, señora –dijo haciendo una reverencia para luego alejarse rápidamente. Por su tranquilidad nadie imaginaría que tres de sus compañeros no volvían a su lado.

Respirando fuertemente tomé de vuelta lo que era por derecho mío. La fuerza vital volvió a mi teñida con las muertes recientes. Los fantasmas uno a uno volvieron de nuevo a ser traslucidos y visibles sólo a mis ojos. Bueno, a mis ojos y a los de Sofía.

–Tú eres algo especial niña –hablé mirando directamente a Sofía a los ojos–, no eres una de ellos pero luchas a su lado. No tienes conexión con la muerte pero puedes ver a los que me acompañan. No puedo esperar a ver qué cosas logras con los años que tendrás a tu disposición.

Volví a mirar a Jean Pierre y con un solo pensamiento tomé de su energía. Los dos transparentes y etéreos volvimos seguidos por todos los otros difuntos a casa. A una taza de té.

.FIN.

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One response

8 08 2009
La Magia de la Muerte « Fantasía Urbana

[…] En este mundo los muertos tienen un papel mas grande a manos de ciertas personas de lo que nos podriamos imaginar. Una fuerza que se considera dormida o inexistente se puede convertir en la mano ganadora en una pelea. Pero esas fuerzas muchas veces se consideran mitos no porque no existan, sino porque nos aterran.(leer mas) […]




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